Lo que me gusta

Lo que me gusta

Hola

A mi me pone que me ates a muy conciencia a una silla vestido de secretaria, me amordaces bien fuerte y me metas mano horas y horas por debajo de la falda.
¿Te gustaría una cosa así?
Un abrazo

No se porque lo hago

No se porque lo hago

Soy una mujer de 57 años, casada con un hombre al que quiero mucho, pero sexualmente no deseo desde hace mucho tiempo y no porque no sea buen amante, no es eso, simplemente no me satisface, tenemos tres hijos ya mayores e independientes y una vida bastante acomodada.
Hace tiempo que mantengo relaciones con otro hombre, Martín, al que soy incapaz de negarle nada de lo que me pide, todo comenzó como un juego morboso, ahora domina mi mente y mi cuerpo a su antojo, con Martín hago cosas que jamás consentiría ni he consentido a mi marido y no será porque no me las haya pedido, recuerdo una vez que mi marido mientras follábamos me dijo…, pero que puta eres, le corté el polvo diciendo que esas cosas a mí sabe que no me gustan, me parecen humillantes para una mujer, jamás me lo volvió a decir.
No quiero, pero cuando estamos juntos mi novio y yo como quiere que le llame mi voluntad es nula, nunca pensé en dejarme azotar el culo mientras tenemos sexo, sexo sin preservativo desde el primer día por supuesto, porque dice que tiene derecho a eyacular dentro de mí, que soy suya y soy su puta, el sexo anal es frecuente, nunca le dejo a mí marido tenerlo conmigo y no será porque no lo intente, según Martín eso solo le pertenece a él, como eyacular en mi cara y mi boca e incluso llegar a orinarme en el pecho y la cara, no se porque se lo consiento, pero cuando hace estás cosas tengo que reconocer que me vuelvo loca y lo disfruto tanto que llego a tener un orgasmo solo con ver cómo se saca el pene para hacer pis en mis tetas o mi cara, o simplemente cuando tiene que ir al baño tengo que acompañarle para sujetársela mientras hace mea.
Me dice que soy su perrita y la verdad que así me siento y en eso me transformo cuando estamos juntos; al principio nos veíamos una vez al mes, desde hace casi un año como poco dos veces en semana, lo siguiente que me ha dicho es que me haga a la idea, porque me va a ofrecer a otros hombres, no se si seré capaz de negarme, no creo que pueda; quiere hacerme suya en mi cama de matrimonio, con el riesgo que conlleva para mí, pero dice que le da igual, lleva tiempo diciéndome que quiere hacerlo y dejar su olor en la cama, para que por la noche tenga presente a quien pertenezco, me hace sentir sucia y me gusta serlo cuando estoy con él, luego me siento mal, es tan contradictorio.
He tenido sexo oral en los vestuarios de una tienda Springfield, en un Pub de la localidad donde vivo y hasta me ha penetrado analmente en los baños de una cafetería y no me ha dejado limpiarme. Todo con él es una vorágine que no controlo, algo impensable hace tres años cuando le conocí por casualidad, incluso cuando le apetece me llama para que vaya a su despacho, le encanta que me arrodille para hacerle una felación sentado en su sillón y cuando termina en mi boca o incluso en mi blusa, dice que me marche que tiene trabajo, además él conoce personalmente a mí marido, Martín es cliente suyo.
Después de haber estado con Martín cuando regreso a casa y veo a mi marido que me está esperando para cenar me siento culpable y siento lástima y unas tremendas ganas de besarle, abrazarle y contárselo, pero sé que sería el fin de los treinta años de matrimonio, pero cada vez tengo menos sexo con él y cuando lo hacemos no dejo de pensar en Martín y lo sucia que me hace sentir, es de la única forma que llego al orgasmo con mi marido, en cambio con Martín he llegado solo con un roce digamos “inapropiado” en público, he llegado a tener más orgasmos con Martín en una tarde que en un año con mi marido.
No sé qué hacer, sé que si mi marido se enterara me dejaría y no puedo vivir sin él, pero tampoco puedo renunciar a lo que me hace sentir Martín, él lo sabe y se aprovecha.
Decir que tengo independencia económica e incluso unos ingresos superiores a los de mi marido, estoy con el porque le quiero, si no fuera así ya le abría dejado.
Tampoco escribo esto para calentar a ningún pajillero, simplemente tenía necesidad de contarlo y he creído que está página es la adecuada, si no es así pido disculpas.
Si pudiera terminar con esta situación lo haría sin dudarlo, pero no soy capaz, estoy hecha un lío.

Entrega…

Entrega…

Un deseo que brota de la entrega de la sumisa, no puede tener origen en una orden del Dominante, sino del placer de ella al ceder ante su Señor.
Esa veneración de la sumisa no solo obedece a la mano que la hace suya, sino a la mente que le da alas y la inspira a alcanzar juntos, nuevos estados de complicidad.
Y no solo es la mujer la que renace cuando se entrega, también lo hace el hombre al estar completo, ya que ella lo hace Amo y el Él, orgulloso la recibe como su sumisa y compañera de viaje.

Sigfrido
(Tumblr)

Tarde de diversión 2

Tarde de diversión 2

Volví al sillón, súper contenta por haber complacido tan bien a mi Amo. Me puse a ver la televisión de nuevo, pero estaba tan excitada que no podía concentrarme. Logré entretenerme con una película. Ya había pasado un ratito desde la riquísima mamada que le había dado a mi Amo, cada vez que me acordaba de eso mi tanga se empapaba más y más. Al ir al corte la película, me levanté y fui a la cocina, a tomar un vaso de agua. Cuando volví, no solo había regresado la película, sino que mi Amo me esperaba sentado en el sillón, con una venda en la mano.

Me acerqué sigilosa hacia el sillón y me senté junto a él. Comenzó a acariciarme, las piernas, poco a poco iba subiendo cada vez más, pero sin llegar a mi conchita. Curioseé la televisión y justo él lo notó, “¿Así que andas distraída, pequeña?, solucionemos eso”, me puso de espaldas a él y me puso la venda, prohibiéndome ver lo que pasaba. Mis otros sentidos se pusieron alerta, sus manos comenzaron a acariciar todo mi cuerpo. Las tenía en mi cintura acariciando mi panza y luego mis tetas, a las cuales masajeo y estiro, pero el remerón le molestaba, así que me ordenó levantar los brazos, y retiró el remerón.

Una brisa fría hizo que mi piel se erizará y sus manos radiantes de calor comenzaron a tocarme, recorrían todo mi cuerpo, sus besos en mi cuello, de vez en cuando sentía su lengua recorrer por mi cuello, también por el lóbulo de mi oreja. “Como fuiste muy buena y servicial ahora te toca a vos, pequeña” susurro en mi oído. Me dio vuelta y me recostó en el sillón, se subió encima de mí y comenzó a besarme, entrelazando nuestras lenguas, la de él tan solo dos segundos después se encontraba en mis tetas. Mientras su boca castigaba mis preciosas tetas, su mano derecha fue hacia mi conchita donde empezó a acariciar a mi clítoris por encima de la tanga.

Mi respiración comenzaba a ser errática, estaba por de más de excitada. Decidió sacarme la tanga, ahora el contacto era piel a piel, ahora podía sentir lo mojada que estaba por él, se sentía tan bien la mano de mi Amo masturbándome. Sentía sus dedos acariciando arriba y abajo mi concha, empapándolos con mis jugos. Teniéndolos ya muy húmedos se dedicó a metérmelos y mientras lo hacía también jugaba con mi clítoris, dándome cada vez más placer. Sus dedos se movían cada vez más rápidos y yo ya estaba al límite. Suplicante le pedí a mi Amo que me cogiera, necesitaba su verga dentro de mí, “Por favor, Amo, dame duro, te necesito ya, por favor, Amo”. Con una sonrisa en la cara me respondió “Aun no, pequeña”, se sentó en el sillón y me recostó en su regazo, dejando mi precioso culo frente a él.

Comenzó a darme azotes. “Esto es por ser tan ansiosa, pequeña” me dijo dándome nuevamente. Esto me excito muchísimo más, cada azote mojaba un poco más mi concha. Sus azotes eran constantes, no muy fuertes, pero estaba segura, que después del quinto ya mi culo blanco estaría muy rojo. Y de solo pensar eso, mi concha de continuaba mojando. “Ay, Amo. Estoy muy excitada, por favor, necesito que me toques, te lo suplico”, aceptando mi suplica comenzó a alternar con caricias de sus dedos a mi concha empapada.

Así continuaron, sus dedos entrando y saliendo de mi concha, los azotes alternados, provocando que en tan solo unos minutos ya estuviera lista para acabar, ya no aguantaba más. Una nueva suplica salía de mi boca en forma de gemido “Mmm, Amo, por favor, ya no puedo más, ¿me das permiso de acabar? Por favor, Amo”, sus dedos automáticamente se detuvieron. “No, pequeña puta, móntame”. Antes de que me subiera su pantalón de pijama ya había desaparecido, me subí encima de él, mi conchita rozaba con toda su verga dura, mis tetas quedaron frente a su cara. Sin sacarme la venda de los ojos, me metió su verga hasta el fondo “Así, puta, mueve tus caderas bien fuerte”, eso me motivó muchísimo para moverme tan fuerte y rápido como mi cuerpo me lo permitía, para moverme como la puta que era, su puta. Las manos de mi Amo se fueron hacía mis caderas para ayudarme, para cogerme con ansia y rudeza. Así continuamos un rato, sin poder dejar de gemir, comencé a suplicar que me permitiera acabar una vez más, y esta vez me lo concedió “Dámelo todo, pequeña, acaba para mí”.

En ese momento comenzó a besar, lamer y morder mi cuello, eso me extasió más, seguía empapándome aún con su verga dentro de mí. Me echó un poco hacia atrás para poder comerme las tetas, morder y estirar mis pezones, todo esto sin dejar de clavarme la verga hasta el fondo. Esto provocó que mis orgasmos se encadenaran, él continuaba penetrándome, haciéndome acabar por lo menos cuatro veces. “Muchas gracias por permitirme acabar, Amo, muchas gracias”, solo me respondió con un beso y me dijo “Puta, quítate la venda y arrodíllate ante mí, ya voy a acabar”.

Hice lo que me ordenó, me levanté sacándome la verga de mi concha y la venda de mis ojos. Me arrodille a sus pies, mirándolo a los ojos, con la lengua afuera y las manos entre mis piernas, inclinada hacia delante. Se paró frente a mí y comenzó a masturbarse. Él paso su verga por mi lengua, y metió su verga hasta el fondo de mi garganta, permitiéndome saborear mis propios fluidos, hasta que me dijo “Ya, pequeña, ya no aguanto, voy a acabar en tus tetas”. Puse mis manos en la cabeza y abrí mis piernas, aun arrodillada, dándole acceso completo a mis tetas. Explotó de placer, cubriéndome las tetas de leche, al fin obtenía mi premio.

Rendidos caímos al sillón, me abrazó y me beso con mucho cariño y dulzura. Comenzó a acariciarme como a una nena chiquita, como su nena chiquita y me dijo “Lo has hecho muy bien, pequeña”. Le sonreí y le agradecí, “Gracias, muchas gracias, Amo, me encantó”.

Después de un ratito, se levantó, fue hacia la puerta y antes de irse me dijo “Ahora sí voy a terminar el trabajo, tú sigue viendo la tele y no te limpies hasta que acabe tu programa”. Yo quedé sentada en el sillón completamente rendida y con una sonrisa tonta en la cara, orgullosa de haber sido tan buena para mi Amo y que esté me hubiese felicitado y me dejara marcada.

Tarde de diversión

Tarde de diversión

Estaba viendo la televisión, sentada en el sillón. Vestía de entrecasa, solamente una tanga y un remerón que me llegaba por debajo de mi redondita cola. Habiendo estado toda la tarde sola, extrañaba a mi Amo. Despacio, en puntitas de pie, llegué hasta la habitación en donde había estado toda la tarde trabajando. Allí estaba, sentado en su silla, con las manos en la cabeza, leyendo una y otra vez lo que había en la pantalla del ordenador. Él también se encontraba de entrecasa, pero tenía más ropa que yo, vestía una remera y un pantalón de pijama. Realmente se lo veía muy frustrado, sus manos pasaban por su pelo y cuello, pensando en la forma para solucionar el problema.

Entré despacito a la habitación evitando que se diera cuenta de mi presencia, me puse detrás de él y empecé a masajearle el cuello. Se sobresaltó un poquito, pero al darse cuenta que era yo, se relajó, solo un poquito, y me permitió continuar. Le di besitos por detrás de las orejas, mientras mis manos masajeaban firmemente su cuello. Comenzó a relajarse poco a poco, así que mis besos comenzaron a ir por su cuello, donde también dejaba una que otra lamida. En la pantalla se reflejaba su cara, que comenzaba a ser de placer, y eso me excitó mucho.

Me di la vuelta, quedando frente a él, pidiéndole permiso me subí encima de él. Al sentarme en sus piernas noté que alguien había despertado. Mi amiguito, todo rico, se estaba levantando para jugar conmigo. Continué dándole besos en el cuello y fui subiendo hacia su boca, en donde nuestras lenguas se enlazaron, provocando que nos encendiéramos aún más de lo que estábamos. Sus manos acariciaban, apretaban y estiraban mis tetas, dándome muchísimo placer. Mi cadera comenzó a moverse en círculos, refregando mi conchita húmeda con el duro falo de mi Amo. Esto pareció gustarle ya que sus manos bajaron directo a mi cintura para ayudarme, para sentirme aún más. Tranquilamente se podría decir que estábamos cogiendo con ropa, pero quería darle más, quería que se relajara por completo.

Mis manos fueron al borde de la remera y entendiendo lo que quería levantó los brazos para ayudarme. Su pecho al descubierto lo único que me provocaba era llenarlo de besos y lamidas, así que eso hice. Mis labios fueron nuevamente a su cuello, bajando cada vez más, mordiendo suavecito y pasando mi lengua, haciendo que la piel se erice. Súper convencida de que ya era hora de seguir le di un buen beso con lengua, me bajé de sus piernas y mientras lo hacía, me llevé conmigo el pantalón de pijama, llevándome la sorpresa de que debajo de él estaba desnudo.

Sonriente saqué mi lengua y la pasé por toda esa verga rica, metiéndomela toda en la boca, comencé a subir y a bajar. Mis ojos se van hacia los suyos su cara de placer se vuelve muy pervertida “¿Te gusta pequeña?, ¿Te gusta tu juguetito?”. Súper excitada, me como su verga completamente, cosa que parece gustarle tanto que lleva sus manos a mi cabeza provocando que no pueda levantarme a respirar. Muy despacio va aflojando la presión permitiéndome respirar solo un poco, tan solo dos segundos después volvía a tener su verga hasta el fondo de mi garganta, otra vez privándome de respirar. Esto provocaba que cada vez estuviera más y más empapada, pero hoy no era para mí, hoy todo el placer lo necesitaba él.

Mi Amo decidió cambiar el ritmo, sujetando mi pelo en una coleta comenzó a subir y abajar, al principio lento, pero a medida del paso del tiempo comenzó a aumentar cada vez más y más. Jadeaba, estaba el límite, así que aumento aún más, con un ritmo bien marcado. “Mmm, pequeña, ahí tienes tu premio”, toda su leche fue directo a mi estómago, soltó mi cabeza y se relajó. Mientras él se calmaba yo me dedicaba a limpiar esa riquísima verga, pasaba mi lengua por el glande recogiendo las últimas gotas de mi premio que quedaban allí.

Me levanté relamiéndome los labios, no queriendo desperdiciar ninguna gota. Lo besé realmente apasionada y le dije “Ya, Papi, así ya más relajado podes seguir trabajando, yo voy a ver la tele”.

Dominante y sadica

Dominante y sadica

Hola soy nueva en esto y me gustaría aprender más. Hace poco me empecé a destacar como dominante y sadica, me gustan las mujeres