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Todo el mundo dice que “a los hombres se los conquista por el estómago”, se generaliza con eso, y es en parte cierto, pero si cambiamos un pequeño detalle, un matiz de nada: “a las personas se las conquista por el estómago”, porque, seamos sinceros, a todos nos gusta comer, en lo que diferimos es en los gustos, pero a todos nos gusta. Mientras que a unos les gusta la carne, a otros el pescado, y otros, por el contrario, son vegetarianos o veganos. Así que uno simplemente debe hallar lo que le gusta a la otra persona para complacerla y ganarse su favor. Esto último me lleva a preguntarme “¿qué ocurre con las personas que con la comida no nos es suficiente?” O reformulado de otra manera “¿qué ocurre con las personas que necesitamos alimento para el cuerpo & para la mente?

Voy a hablar desde mi caso particular, y por supuesto, desde mi experiencia. Yo misma siento esa necesidad de “doble alimento” (y yo soy una “gordi” en toda regla, adoro la comida).

¿Cómo se expresa en mí esa necesidad de “alimento mental”?

Pues bien, para empezar tengo unas inquietudes intelectuales, una curiosidad inmensa por todo aquello que desconozco, ya sea un tema del que no sé absolutamente nada como una ampliación de unos conocimientos previos. A la hora de encontrar un compañero, ésa era una de las cualidades que siempre he buscado, que fuera inteligente, intelectual y listo.

Me diréis “¿pero eso no es lo mismo?” Pues no, son conceptos distintos, una persona puede ser lista, pero no inteligente, y viceversa. Explicaré los conceptos, citando las definiciones de la Real Academia Española (no me gusta nada el plagio):

  • Inteligente: Dotado de inteligencia. Dicho de una persona: Dotada de un grado elevado de inteligencia.
  • Intelectual: Dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras.
  • Listo: Sagaz, avisado. Hábil para sacar beneficio o ventaja de cualquier situación.

Como podéis comprobar, la inteligencia es con lo que se nace, y la intelectualidad se trabaja. La tercera acepción es una mezcla de cualidades con las que se nace y que se trabajan a lo largo de la experiencia vital.

Os estaréis preguntando “¿y todo este rollo que estás soltando a santo de qué viene?

Es muy fácil, yo NECESITO que mi compañero de vida tenga esas tres cualidades, más de lo que necesito que sepa cocinar o que físicamente sea atractivo. Recientemente se ha venido diciendo que eso es ser “sapiosexual”, y yo, que no soy muy partidaria de etiquetas, simplemente respondo que soy así. Necesito una persona con la que poder hablar de cultura general, historia, ciencias, deporte, política, LITERATURA, y mil cosas más; aprender de Él y que Él aprenda de mí (porque en esto sí opino que debe haber reciprocidad), que crezcamos juntos, como personas y como Amo y sumisa, que nos cultivemos el uno al otro.

Todo eso está genial pero, ¿cuáles son los indicios que nos revelan que una persona es inteligente, intelectual y lista?

Fácil, fijaos en cómo escribe y redacta, fijaos en si tiene faltas de ortografía o gramaticales, hasta en los más pequeños detalles: mirad si escribe los signos de puntuación y las tildes. Y si sus textos son tienen coherencia y cohesión. Si la respuesta a todo lo anterior es afirmativa, felicidades, estaréis frente a una persona que tiene muchas papeletas para serlo. Para confirmarlo solo deberéis seguir conversando con ella.

Ivy.

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